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Archivos de Castilla y León
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"Con motivo de la catástrofe ocurrida en esta ciudad el día 9 del próximo pasado mes de julio a consecuencia de la explosión de un polvorín, nuestra ciudad se llenó de luto quedando paralizada en un instante la totalidad de su vida industrial y comercial. El vecindario preso del pánico más espantoso huía en todas las direcciones y abandonaba sus hogares deshechos y amenazados por el incendio y el derrumbamiento.
Ante las órdenes severísimas de las autoridades provinciales y locales, fue evacuada la ciudad por el eminente peligro de una segunda explosión (dada la propagación del incendio) que hubiera sido mucho más grave que la primera, por la enorme cantidad de bombas almacenadas; el vecindario abandonó el pueblo que quedó desierto, arrastrando consigo sus modestos ajuares materialmente destrozados por los efectos de la explosión y refugiándose unos en la hospitalidad de los pueblos cercanos, y acampando la mayoría en los arrabales de la ciudad, plaza de toros, lavaderos públicos, praderas etc., donde formaban grandes campamentos de gentes sencillas y humildes con el sufrimiento en el rostro y la desolación en el alma.
Solo quedaron autorizados para permanecer en la ciudad siniestrada los Servicios sanitarios de incendios, de Seguridad, brigadas de descombros y nuestro Auxilio Social que no interrumpió un solo día su humanitaria labor, cargando sobre sí en un esfuerzo gigantesco la alimentación de toda la ciudad. Para atender los múltiples y agotadores servicios de ésta Hermandad, las camaradas propuestas, auxiliadas en los momentos más difíciles por sus camaradas de Salamanca, permanecieron desde el primer día en servicio permanente a las órdenes del Camarada Delegado Local de Auxilio Social, siendo las únicas mujeres que no abandonaron la Ciudad ni de día ni de noche, ni aún en los momentos de riesgo personal, conscientes del peligro que amenazaba sus vidas, seguras de sí mismas y del sacrificio que imponía su título de Nacional Sindicalistas.
Durante los diez o doce días que duró la evacuación de los restantes polvorines, una imprudencia, la propagación de un incendio o una deficiencia técnica simplemente, hubiera sido la mecha que diera lugar a una segunda catástrofe mil veces más horrible que la primera y pusiera en riesgo eminente de perder la vida a éstas camaradas que no tuvieron el menor desmayo y que gracias a su labor de asistencia, que es amor y alegría en medio de la desgracia, no faltó comida caliente y abundante a las pobres gentes que acudían a nuestras Cocinas de Hermandad a las horas de los repartos, regresando precipitadas a sus campamentos, ni al personal afecto a los distintos servicios de socorro.
Como el número de raciones completas (desayuno comida y cena) que diariamente se repartían rebasaba la cifra de 2.500, hubo necesidad de instalar cocinas supletorias, una de ellas destinada exclusivamente a los trabajadores del campo, que gracias al Auxilio Social y a la labor de estas camaradas, permitió que fuesen recogidas las cosechas abandonadas, sirviendo de lenitivo ante tanta desgracia".
(AHPSa. Fondo de Sección Femenina. Sig. 147/1).