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La Guerra de las Comunidades

La situación en Castilla se había hecho cada vez más inestable tras la llegada al trono de Carlos I en 1518. Llegó rodeado de consejeros forasteros y exigiendo nuevas cargas fiscales que exacerbaron el conflicto sobre todo entre grupos sociales que debían hacer frente a la subida de los impuestos y que se veían desplazados de los cargos importantes en la Corte. La elección de Carlos como emperador provocó la exigencia de un nuevo servicio a las ciudades que se aprobó en las Cortes de la Coruña en marzo de 1520, lo cual avivó el conflicto que se  saldó en Segovia con el asesinato de Rodrigo de Tordesillas, procurador que había aceptado las nuevas cargas fiscales.  

La alianza de las ciudades castellanas, contrarios a la política imperial y la propuesta de reconocer como única soberana de Castilla a la Reina Juana, madre de Carlos y recluida en Tordesillas, desató las hostilidades entre los partidarios del Rey, miembros de la alta nobleza y del clero por una parte, y la incipiente burguesía urbana y grupos populares por otra. La represión, seguida a los actos de Segovia, en Santa María de Nieva y Medina del Campo por las tropas del rey, hizo de Castilla escenario de guerra y saqueo. Los campesinos también aprovecharon para liberarse de muchas cargas feudales. A Tordesillas llegó la Junta comunera para jurar acatamiento a Juana y plantear su programa político, pero la llegada del ejército real acabó con la toma de la villa, expulsando a los comuneros a Valladolid. Estos realizaron operaciones contra los territorios de los señores partidarios del Emperador, como la  toma de Torrelobatón. 

El conflicto también tuvo intentos de negociación que acabaron en fracaso. Al final los comuneros fueron derrotados en la campa de Villalar el 23 de abril de 1521, y sus principales dirigentes, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron ejecutados. Un gran número de personas de distinta condición fueron condenadas a muerte y a otras penas, como confiscación de bienes o destierro, hasta que llegó el perdón final, del que fueron excluidos importantes personajes de la revuelta. 

Juan Bravo era uno de los dirigentes comuneros que representaba a Segovia en la revuelta. Otros condenados fueron Íñigo López Coronel, su suegro, que había desempeñado temporalmente el papel de tesorero de la Junta Comunera, y también Francisco Ruescas y Rodrigo del Río, presentes, todos ellos en la boda de Juan Bravo y María Coronel, celebrada dos años antes en Bernardos.

Batalla de Villalar. Manuel Picolo. 1887