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Apeos y deslindes: cuando no sabemos de qué somos propietarios

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El Archivo Histórico Provincial de Segovia presenta un nuevo Tesoro del mes

En muchas ocasiones, en los archivos nos preguntan por propiedades que, ya sea por herencia o donación, dejó algún pariente fallecido. Quien recibe estos bienes desconoce cuáles son y, para poder gestionarlos, necesita información sobre ellos. Esta es una realidad cotidiana en la actualidad, pero no es algo nuevo. Hace siglos que nuestros antepasados ya tenían este problema. 

Hasta hace 60 o 70 años eran los notarios quienes se ocupaban de resolver el problema. Ellos conservaban en su poder los protocolos donde se recogían todas las escrituras. Testamentes, donaciones, cartas de arras o compraventas son fuentes documentales importantes para conocer quiénes eran los propietarios en otro tiempo y a quién correspondió esos bienes a la muerte de sus anteriores dueños.

Hacia 1800, el Conde de San Rafael, que residía en Madrid y por tanto conocía poco las tierras de Pedraza, heredó varios bienes raíces de sus ancestros. Estos bienes le llegaban por varias ramas familiares distintas, aunque todas ellas ligadas a las oligarquías locales de Segovia y su provincia. Habían sido caballeros de la Orden de Santiago, regidores perpetuos del Ayuntamiento de Segovia, tenían apellidos ligados a familias destacadas como los Suárez o los Tapias… Pero, don Epifanio Curiel de la Torre, Conde de San Rafael, desconocía qué le había legado su tío y dónde estaba cada bien. Por esta razón contrató a varios agrimensores que, acompañados de un escribano público, Fernando de Luna y Pozas, recorrieron, con varios testigos, muchos pueblos de la Tierra de Pedraza. Todos los vecinos se enteraron del acontecimiento que fue debidamente pregonado dos veces, de acuerdo con la tradición.

Pasaron casi dos meses de viaje por aquella zona. Entre el 28 de octubre y el 20 de diciembre de 1800 identificaron casas, viñas, huertos, prados, tierras de pan llevar, eras, corrales y cercas para los apriscos de ovejas que el señor Conde había heredado y desconocía su paradero. Para realizar esta labor visitaron Pedraza, Requijada, Orejanilla, Santiuste de Pedraza, Puebla de Pedraza, Rebollo, Domingo García, Valleruela de Pedraza, La Rades, La Matilla, Tejadilla, que la describe como “de Arriba”, Pajares y Gallegos. En cada pueblo y en cada lugar, señalaron los bienes y el mayorazgo al que pertenecía y que, con esta herencia, confluían en don Epifanio. 

Cabe destacar dos cuestiones. La primera es de tipo económico y nos permite conocer el patrimonio que el Conde de San Rafael tenía en Segovia. Identifica cada tierra, su cabida dada en “obradas” o en “fanegas” según su uso, señalan sus linderos y quiénes son sus vecinos en cada punto cardinal, realizan un croquis de su forma y nos dicen cuánto vale. 

Por otro lado, añaden la información de tipo más social, ya reseña quién es el rentero que la cultiva, donde está empadronado y cual era su profesión. Con ello podemos saber cuál era la ocupación de estas personas y a qué se dedicaba cada pedazo de terreno. Es una riquísima información sobre muchos pueblos de la Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza, de sus vecinos y del mayorazgo que explotaba la zona en las fechas inmediatas a la Guerra de la Independencia.