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Fernando III y su reinado

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En el año 2017 se cumplieron ocho siglos de la proclamación en Valladolid como rey de Castilla de Fernando III, el monarca que reunificaría, de forma definitiva, los reinos de León y Castilla.

Con motivo de esta conmemoración, la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, dentro del programa de actividades culturales, turísticas y patrimoniales denominado “Tronos que comparten historia y presente”, organizó en el Archivo General de Castilla y León una exposición documental sobre el reinado de este monarca medieval de excepción. 

El nacimiento del rey y su azaroso camino al trono

El infante Fernando, hijo de Alfonso IX y Berenguela de Castilla, nació a últimos de junio del año 1201 cerca del monasterio de Valparaíso, en Peleas de Arriba (Zamora). Una serie de fallecimientos le abrieron el camino a la corona en pocos años: el de su tío, el infante don Fernando, en 1211; el de su medio hermano, el infante Fernando “el portugués”, en 1214; el de su abuelo, el rey Alfonso VIII, ese mismo año; finalmente, y tras un corto reinado, el de su tío Enrique I quien, con apenas trece años, murió accidentalmente en 1217 en Palencia al ser herido por un golpe de teja mientras jugaba con otros niños nobles.

Tras esta muerte inesperada, el trono de Castilla lo heredó la reina Berenguela quien, gracias a su tenacidad, logró la aclamación como soberana conjuntamente con su hijo Fernando el 14 de junio de 1217 en Autillo de Campos (Palencia). Unos días después, el 2 de julio, Fernando fue proclamado rey en Valladolid.

La labor política de Fernando III

Fernando III se centró, principalmente, en mantener la paz con el resto de los reinos cristianos peninsulares, conservando las estructuras sociales establecidas y limitándose a confirmar o aprobar fueros, usos y costumbres preexistentes, poniéndolos por escrito en los privilegios rodados. Estos documentos se denominan así porque el signum regis aparece envuelto por una rueda (signo rodado). Al ser documentos de gracia, además del signo real y del sello de metal, se validaban con las suscripciones confirmativas de nobles laicos y eclesiásticos y de altos cargos de la casa real.

Por otra parte, el monarca canalizó todas las fuerzas del reino en una única dirección: la recuperación de los territorios hispanos ocupados por los musulmanes.

En el ámbito cultural, bajo su reinado se comenzaron a construir las catedrales de Burgos y León; se impulsó como principal universidad del reino la de Salamanca; y se inició una época de esplendor cultural que culminaría durante el reinado de su hijo Alfonso X el Sabio.

El Acuerdo de Benavente

El 24 de septiembre de 1230 fallecía el rey Alfonso IX de León, quien había establecido su sucesión a favor de las infantas Sancha y Dulce (hermanastras de Fernando). Nada más conocer la noticia de la muerte de su padre, Fernando III se desplazó a la frontera con León y el 17 de octubre los ciudadanos de Toro lo reconocieron como rey y señor natural. El 7 de noviembre de 1230 tuvo lugar su coronación como rey de León en la catedral de esa ciudad. Más tarde, el 11 de diciembre, se firmó el “Acuerdo de Benavente” por el que las infantas Sancha y Dulce renunciaban a cualquier derecho sobre el trono a cambio de una generosa pensión vitalicia. Desde esa fecha, los reinos de León y Castilla permanecerán unidos hasta hoy.

Las campañas andaluzas. Muerte, canonización y mito

Los últimos años de su reinado se caracterizaron por la desintegración del Imperio almohade y una enorme expansión territorial de sus dominios a costa de los reinos musulmanes del sur peninsular. 

El rey debió de morir en sus palacios sevillanos la noche del jueves 30 de mayo de 1252, a los 50 años de edad. A los tres días fue enterrado en la Catedral de Sevilla. Con el tiempo, imágenes y representaciones del rey empezaron a ser objeto de devoción privada y oración. El 7 de febrero de 1671 Fernando III fue finalmente canonizado por el Papa Clemente X, estableciendo como día de su fiesta el de su fallecimiento, el 30 de mayo.