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Inés Luna Terrero, el álbum de su vida

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En el año 2011 el Archivo Histórico Provincial de Salamanca recibió en depósito el fondo documental de la Familia Luna Terrero por expreso deseo de la Fundación que lleva su nombre. Del rico fondo familiar de los Luna Terrero, destaca la colección fotográfica de Inés Luna Terrero, que ahora se ha querido mostrar al público a través de la exposición "Inés Luna Terrero, el álbum de su vida". La muestra es un recorrido por los años centrales de su existencia. Cuarenta fotografías extraídas de su álbum de fotos, compuesto por ella personalmente y que retrata tanto su vida cotidiana como sus aficiones y pasiones y, en especial, su amor por el campo charro.

Inés Luna Terrero (1885-1953)

Inés Luna Terrero, retratada como una interesante y peculiar mujer del modernismo español, contó con una apasionante y azarosa vida que llegó a convertirla en una leyenda viva. Adorada por muchos y desprestigiada por otros tantos, no dejó indiferente a nadie.

Nacida en Bagneres de Luchon (Francia) el 2 de julio de 1885, como hija única heredaría de sus padres, D. Carlos Luna Beovide y Dña. Inés Terrero, un ingente patrimonio con propiedades por toda la provincia de Salamanca, en su capital, así como en Valladolid y Madrid.

Estableció su residencia en la Finca El Cuartón (Traguntia), lo que supuso un choque frontal con las costumbres de la época, y más si cabe con la comarca de Vitigudino. La propia casa era fiel reflejo de su existencia burguesa y, por qué no decirlo, extravagante. Rodeada de jardines, esculturas de mármol, piscina, estancias de suntuosas telas y alfombraas de pieles exóticas, rezumaba una modernidad a la que no estaba acostumbrada aquella Salamanca provinciana. Quizás por ello su relación con la sociedad salmantina fue escasa, haciendo de Madrid y de su residencia en la calle Zurbano el centro de su vida social.

Viajera impenitente, alternó su vida en la finca con frecuentes viajes a Francia, Inglaterra e Italia, así como con otros por España, Centroeuropa o destinos más exóticos, como Túnez o Argelia. Hablaba siete idiomas, gustaba de las fiestas, de los coches, vestir con pantalón y fumar tabaco, si bien su auténtica pasión eran sus fincas. Huelmo y Gomeciego, Carrascalejo y Alcornocal y, por supuesto, El Cuartón, donde su gobierno y administración la mantenían ocupada buena parte del tiempo.

Una fatal enfermedad arrebataría su vida en Barcelona en 1953. Sin testamentos ni herederos directos, el Estado se hizo cargo de sus bienes, creándose una Fundación Benéfica que lleva su nombre.